Escrito por: Nora de Raúl 

En la habitación del hotel vestida con un camisón de blanco virginal y con una venda tapando mis ojos como únicas prendas, estaba yo de pie con la cabeza agachada esperando a que mi amo trajera a la mujer para la que yo sería su regalo ( mi primera experiencia con una mujer). No debió de pasar mucho tiempo desde que él salió de la habitación a recibirla, pero a mí se me hizo eterno. Mis pensamientos estaban a mil por hora, me moría de ganas por escuchar su voz.

Entraron a la habitación y el amo me mostró a ella como si fuera a venderme en un mercado medieval. Levantó mi camisón mostrando mi culo que ella azoto y bajo mis tirantes dejando mis grandes pechos al descubierto. Sus primeras palabras fueron, es bonita tu perra cuídala por qué una sumisa es un tesoro, su voz era dulce y tranquilizadora a pesar que ella era ahora mi señora y que yo estaba para complacerla obedeciendo cada orden y recibido cada castigo con un gracias mi señora.

El amo estaba contento eso me complacía a mi también. Me quitaron la venda y me permitieron mirarla. Es una mujer preciosa pelo corto, rubia, mirada intensa y brillante de ojos azules ultramar y piel de porcelana. En uno de sus brazos llevaba un tatuaje muy elegante que lo cubría por completo.

Se acabaron las contemplaciones.
Me quitaron el camisón y entre el amo y yo la desnudamos casi por completo, cogieron pinzas de la ropa y me puso una en cada pezón y ahora me abrieron de piernas y comenzaron a poner pinzas en mi coño mis labios exteriores y alguna en el interior, curioso dolía pero me excito estaba completamente mojada. Mi señora se tumbó en la cama mostrando su sexo y el amo me pidió que le comiera el coño mientras él miraba, me excitaba cumplir sus deseos y también quería probar a una hembra. Tenía un poco de reparo, no sabía si iba a hacerlo bien o si me iba a gustar su sabor todo era nuevo, excitante como buena sumisa quería la perfección en todo lo que se me pedía. Ella tenía un aroma dulce y su sabor era espectacular me volví loca, no podía parar de comerla, de lamerla de sentirla mientras besaba a mi amo. Pero para mí el momento más esperado fue cuando estaba yo tumbada y le comía la boca a mi señora mientras mi amo la penetraba y yo le miraba a él a los ojos. Ellos también tuvieron su momento para ellos dos solos, yo me quedé encerrada en el baño mientras ellos decidían quien dominaba a quien. Hasta eso me ponía cachonda. Como disfruté de la experiencia. Creo que ella quedó complacida, le hice llegar al orgasmo comiéndole y a mi amo con todo el morbo que le provocamos.

Recibí latigazos, tortazos, escupitajos e insultos y nunca me sentí más sensual. Mi nivel de dolor es muy alto y quiero más. Lo más bonito acabamos los tres abrazados juntos. Ahhh también las dos agachadas comimos su polla mientras nos besamos. Nunca olvidaré ese día.

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