LA APP

Escrito por: Elenaydavid

No era muy tarde,  mis amigos decidieron  marcharse a casa, yo no tenía ninguna gana. La semana había sido complicada en el trabajo y lo que menos me apetecía era ir a dormir.

Cuando me quedé solo, abrí la aplicación del móvil, y me fui a los Meeting o citas que había.

Me llamó la atención una de ellas y les escribí.

“NUEVOS EN LA CIUDAD, NOS GUSTARIA CONOCER GENTE”.

-Hola buenas noches, mi nombre es David  he visto que habéis puesto una cita y me preguntaba si aceptaríais a un chico.

La respuesta no sé hizo esperar.

– Hola. Nosotros somos Rebeca y Luis. Pues la verdad, no sabemos sí saldremos al final, mi  pareja no se encuentra muy bien.

– Vaya, espero que se mejore.

– Gracias David, lo siento.

Que le vamos ha hacer, la noche al final no iba a acabar como yo pensaba.

Le dije al taxista mi dirección y al poco rato estaba en la puerta de casa.

Me metí en el ascensor absorto en mis pensamientos, cuando se cerraban las puertas alguien habló:

– ¡Perdona! Podrías sujetar la puerta.

Desperté de mi trance y automáticamente puse el brazo para que no se cerraran.

Entró una mujer pelirroja cargada con unas bolsas. Nunca la había visto en el edificio.

– Buenas noches, gracias

– De nada, un placer.  Y lo era. No pude evitar mirarla de arriba abajo mientras lo decía y creo que hasta alargue la  R de lo atónito que me quedé.

Espero no se haya dado cuenta – pensé. ¿A qué piso va ?

– Al décimo

El ático B, llevaba tiempo vacío y había escuchado que se había mudado una pareja.

– Que casualidad! yo también, sabía que tenía nuevos vecinos pero no os había visto aún. Bienvenidos.

– Muchas gracias, es nuestra primera noche aquí, pero no empezamos con buen pie.

– ¿Algún problema?

– Mi chico se ha puesto malillo.

Vaya es la segunda persona que se pone malo hoy – pensé. Espero se mejore.

No pude evitar fijarme en ella mientras subíamos.

Era toda una belleza, llevaba unos tacones que la hacían más o menos de mi altura. Y una falda de cuero, que dejaba ver casi la totalidad de sus piernas. Largas y estilizadas por esos bonitos tacones. Una cazadora de cuero rojo tipo torera.

Me llamó la atención lo que envolvía esa cazadora. Se veía encaje y transparencias bastante ajustadas a su cuerpo.

Después de todo, la noche no estaba tan mal como yo pensaba.

Llegamos a nuestro piso y  cada uno se dirigió a su puerta, no sin antes echar una última mirada a la última zona de ella que me faltaba por ver.

Definitivamente mi nueva vecina me gustaba mucho.

Al cerrar la puerta pensé que que lástima que tuviera pareja.

Me dirigí a la ducha, al meterme bajo el agua,  cerré los ojos y ahí estaba ella, sonriéndome en el ascensor.

Casi podía recordar su perfume. Su fragancia me envolvió excitándome muchísimo. Mi miembro reaccionó a ese recuerdo y comencé a tocarme.

Mis pensamientos se hicieron cada vez más caliente y los movimientos de mi mano más rítmicos.

Mi imaginación voló.

“Nuestros labios comenzaron a besarse  y nuestra ropa cayo al suelo. Mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo. Sentí en ellas, sus pechos duros y sus pezones erizados así como la humedad de su sexo.

Ella no se quedaba atrás, las caricias que repartía por mi cuerpo hacían que cada vez estuviera más duro, más deseoso de que fuera mía.

Con cuidado la tumbe en el suelo del ascensor y delicadamente abrí sus piernas. Cómo un animal hambriento me metí entre ellas. Mi lengua comenzó a recorrer su clítoris, notaba cómo esa deliciosa humedad me atrapaba y me hacía absorberlo hacia el interior de mi boca.

Su cuerpo  se arqueaba y sus manos aplastaban mi cabeza contra ella dejándome sin control de mi mismo.

En un momento dado me agarró la cabeza, me  miró a los ojos y con un movimiento me empujó hacia atrás violentamente. Yo caí de espaldas y ella me asaltó colocándose encima de mi.

Se introdujo mi erección dentro de ella, y comenzó a cabalgar con sus manos apoyadas en mi pecho”.

Estallé de placer y me quedé un rato bajo el agua.

Salí de la ducha y me dirigí a la cocina.

En el móvil me indicaba un mensaje de la app.

– Hola, no sé si aún querrás salir, mi pareja me ha dicho que salga yo y era por si te apetecía que nos conociéramos.

– Pero, ¿tú sola? No quisiera tener problemas

– No tranquilo nosotros somos una pareja abierta y a veces quedamos por separado.

– Vale… Bueno pues la verdad es que ya estaba en casa, pero, si quieres… !!Venga me visto y voy hacia donde estés¡¡

– ¿De verdad?…¡¡Genial!! ¿Conoces la calle Miranda?

– La verdad es que bastante bien, yo vivo allí.

– ¿Qué dices? ¡¡¡Me vacilas !!!

– Que no, que no, en el 126….. Hola?

Vaya creo que se acabó la conversación y el plan.

¡¡Ding Dong!!

Fui hacia la puerta extrañado  y al abrir, me quedé sin habla.

– Hola vecino, discúlpame antes no me presenté me llamo Rebeca.

 

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